Valentina Díaz-Frénot: “Lo principal es ser feliz y transmitir”

Martes, 20 de junio, 2017

TERCER CONCIERTO DEL CICLO INTERNACIONAL DE LA OSIC

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Con el invierno llega el Tercer Concierto del Ciclo Oficial Internacional de la Orquesta Sinfónica del Congreso Nacional; bajo la dirección del maestro Diego Sánchez Haase, este miércoles 21 de junio a las 20:30 en el Teatro Municipal Ignacio A. Pane  (Pdte Franco, Asunción). Como es costumbre en las actividades organizadas por el Centro Cultural de la República El Cabildo, la entrada es libre y gratuita.

 

“Es una pieza hermosa y no tiene separación de movimientos. Es relativamente corta, tiene unos 18 minutos pero es muy densa y creo que va a gustar mucho al público. Desde el principio ya hay como dos elementos: la orquesta que no es agresiva pero sí muy fuerte; y el piano que es todo lo contrario. Hay una suerte de antagonismo al principio y por supuesto después cambia”, nos comenta la pianista franco-argentina Valentina Díaz-Frénot, quien se desempeñará como solista en la obra Variaciones sinfónicas M. 46, para piano y orquesta, de César Franck (1822-1890), en su primera audición en Paraguay.

Durante la pausa de los ensayos realizados con la OSIC en la sede del CCR El Cabildo, la experimentada pianista nos señala los desafíos del solista al interactuar con una orquesta. “Lo importante para el solista es estar muy seguro de lo que se va a hacer, porque en un cuarto de segundo puede haber una distracción o algo y uno tiene que estar muy concentrado. Otra cosa que es fundamental es tener la confianza en la orquesta. Por eso es muy útil hacer ensayos previos porque uno intercambia ideas, intercambia opiniones sobre la interpretación”, destaca. “Ya hicimos un trabajo previo con el maestro Diego Sánchez Haase que vino a casa y estuvimos trabajando. Para el solista es muy estimulante tocar con una orquesta pero es desafiante al no estar solo, porque todos tenemos que estar muy pendientes de lo que hacemos”, agrega.

ensayo 3er concierto 2017

En cuanto a la historia del músico y compositor César Frank, relata: “Tuvo un papá que soñaba con transformar a su hijo en un segundo Mozzart. Su deseo era que el niño pudiera ingresar al Conservatorio Superior de Paris. Fue así que siendo belgas fueron a Francia y tomaron la nacionalidad para que el niño pudiera estudiar”. No obstante, el sueño del padre no pudo concretarse en el hijo. Al menos no en la medida en que el progenitor había soñado. “Él era un  excelente compositor, un buen músico pero no fue un segundo Mozzart. No logró su padre convertirlo en un prodigio”, reconoce.

En ese punto, la concertista hace referencia al rol de los padres en la vida de los hijos. “Uno no debe tener esas pretensiones. Lo principal cuando uno hace música es ser feliz y transmitir porque ese es nuestro rol: transmitir a través de la música una cantidad de sentimientos y sensaciones y eso ya es de por sí bastante difícil de lograr”, puntualiza.

A su vez, el maestro Diego Sánchez Haase comenta la Sinfonía n. 35 “Haffner”, de Mozart, que también forma parte del programa de la noche. “Es una muestra de la extraordinaria maestría del Mozart de 26 años, que llegaba a su plenitud artística”. En una red social, el director de la OSIC compartió lo que considera “una de las mejores versiones, dirigida por una de mis directoras favoritas: Nathalie Stutzmann”.

 

https://www.youtube.com/watch?v=ER0ML30biZ8

 

El programa

La OSIC presenta esta propuesta musical a poco de haber acompañado al gran tenor español José Carreras en su reciente presentación en Paraguay.  En la oportunidad se presentará el siguiente repertorio: de Ludwig Van Beethoven (1770-1827): “Coriolano”, Obertura Op. 62, y de  Cesar Franck (1822-1890), Variaciones sinfónicas M. 46, para piano y orquesta, con la participación de la solista: Valentina Díaz-Frénot, Piano.

​El programa anuncia a continuación, de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791): Sinfonía n. 35, en Re mayor, KV 385 “Haffner”, en sus partes Allegro con spirito, (Andante), Menuetto y Finale (Presto).

Sobre Las Obras

​L. van Beethoven (1770-1827): Obertura “Coriolano”

Beethoven estrenó su obertura el 8 de marzo de 1807 en un concierto privado en el Palacio Lichnowsky.  Coriolano relata la historia de Cneius Marcius “Coriolanus”, un patricio romano que vivió hacia el siglo V a.C. y que alcanzó la gloria militar al conquistar la ciudad de Coriolis a los volscos. Más tarde, a causa de su despotismo y por haber prohibido la distribución de trigo a la plebe, fue exiliado de Roma. Coriolano decide entonces unirse a los volscos, proponiendo a éstos levantarse en armas contra Roma. Ante el sitio de la ciudad, los romanos, desesperados, enviaron una delegación, encabezada por su madre y su esposa. El orgullo y la determinación del general finalmente fueron vencidos por los ruegos de su madre. Cede y retira sus fuerzas, incurriendo así en la ira de los volscos, que le condenan a muerte. La Obertura Coriolano no es una pieza programática. Más bien se identifica con la personalidad de su protagonista. Se sentía atraído por la osadía, el individualismo, el orgullo y la temeridad de Coriolano; conocía la soledad del individuo que no está dispuesto a ceder ante nadie. Y también la angustia de una ciudad sitiada: Viena acababa de ser conquistada por los franceses. El conflicto entre orgullo y amor en la figura trágica de Coriolano corresponde al contraste de los dos temas principales de la obertura, que pasa de lo exaltado al más absoluto lirismo. El tema principal, en do menor, representa, de forma oscura, la parte en que Coriolano decide invadir Roma, mientras que la delicadeza del tema en mi bemol mayor, el ruego de su madre para que se abstenga de tal invasión. Coriolano cede ante su madre, lo que lleva al suave final de la obertura que representa la muerte del héroe​.

Cesar Franck (1822-1890): Variaciones sinfónicas M. 46, para piano y orquesta.

El 15 de marzo de 1885 se estrenó la obra de Franck titulada Les Djinns, que fue uno de los pocos éxitos que había obtenido el compositor hasta entonces. El solista al piano fue Louis Diémer y el compositor, agradecido, le prometió alguna cosa nueva para él. Durante el verano comenzó a componer las Variaciones Sinfónicas para piano y orquesta y las terminó en diciembre del mismo año.

El estreno tuvo lugar el 1 de mayo de 1886 en la Salle Erard de París, durante el concierto anual de la Société Nationale de Musique dirigido por el propio autor, pero al parecer la acogida fue sólo discreta, quizá por su parecido con Les Djinns, lo cual le restaba novedad. Una segunda interpretación tuvo lugar el 30 de enero de 1887, en un concierto donde todas las obras eran de Franck, esta vez dirigiendo Jules Pasdeloup y con Diémer también de solista, aunque tampoco logró impresionar.

Poco a poco las Variaciones fueron incorporadas al repertorio de pianistas importantes, siendo dadas a conocer y apreciadas como una de las mejores de su autor. Más adelante, figuras como Brahms y Dvorak manifestaron también su admiración por esta obra.

Los discípulos del compositor, futuros nombres ilustres de la música francesa: Vincent d’Indy, Henri Duparc, Paul Dukas, Ernest Chausson, defendieron siempre antes y después de la muerte de Franck la categoría de las Variaciones Sinfónicas.

Las Variaciones no son propiamente una obra concertante, sino una novedad en el género, en la que dos temas opuestos son desarrollados por el piano y la orquesta a lo largo de tres movimientos que se suceden sin interrupción. Se han descrito como una de las obras más originales y perfectas en su categoría, mezcla magnífica de piano y orquesta, con una evolución continua de ideas y un tema creciendo en varios otros.

 

Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791): Sinfonía n. 35, en Re mayor, KV 385 “Haffner”

La Sinfonía KV 385 en Re Mayor pertenece al grupo de aquellas que fueron compuestas tras la ruptura con el arzobispo de Salzburgo y que son, en la actualidad, las más interpretadas de su autor. Fue estrenada en Viena en Julio de 1782, en los días en que Mozart escribía a su padre solicitando formalmente permiso para casarse con Konstanze Weber (el consentimiento paterno llegó al día siguiente del enlace religioso en San Esteban de Viena). Es este un periodo feliz en la vida de Mozart en el que, recién casado, consigue vivir de forma independiente, lejos de la tiranía y mediocridad salzburguesas del momento y sin excesivos aprietos económicos, gracias también a que había logrado introducirse como profesor en Viena. Es, además, la época de gran parte de sus magníficos conciertos para piano, que constituyen un corpus de excepcional categoría musical y gran originalidad. En este contexto armonioso y feliz toma forma la Sinfonía que hoy escuchamos. Fue escrita a partir de una no menos equilibrada serenata, compuesta ocho años antes para una celebración familiar en la casa de Sigmund Haffner, hijo del burgomaestre de Salzburgo. En la obra está presente el espíritu galante propio de la época, en delicado equilibrio con un empeño contrapuntístico, surgido del interés creciente de Mozart por la polifonía de Bach y Haendel. La trama orquestal se basa en una escritura que combina a la perfección la melodía acompañada, nítida y luminosa, con un entrelazado de voces, que van tejiendo un discurso pleno y convincente. El primer movimiento, Allegro con spirito introduce con rotundidad el vigor y la luz de la tonalidad de Re Mayor, que colorea un tema robusto y conciso, caracterizado por unos originales saltos de octava, que se va desarrollando con aire de marcha, dominando el discurso y complementándose con breves ideas algo más nostálgicas. El segundo movimiento, es un Andante cálido y amable, en el que los instrumentos de viento están en permanente diálogo con las cuerdas (señal evidente del manejo de la proporción en el color orquestal). Todos los timbres interactúan en un dialogo sereno, que acompasa la pulsación de los oyentes al aliento de la música. El ímpetu reaparece en el tercer movimiento, un Menuetto contundente y elegante a la vez, que no renuncia al sabor de la música cortesana de finales del siglo XVIII. Como corresponde a los cánones de la época, un Trío central trae el sosiego, aportando dulzura al discurso, hasta que los acentos nos devuelven a la idea que abría el movimiento. El aire de marcha reaparece con el Presto final, en el que la mano firme de un maestro de veintiséis años exhibe una rica variedad de recursos tímbricos, melódicos y contrapuntísticos. Magnífico ejemplo sonoro de una época de plenitud artística y vital en la vida del maestro.