“Los músicos latinoamericanos tienen mil piedras en el camino”

Miércoles, 19 de abril, 2017

CICLO INTERNACIONAL DE LA OSIC 2017

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Conversamos con Luisa Splett durante una pausa en los ensayos realizados en la sede del Centro Cultural de la República El Cabildo. La pianista suiza se encuentra en nuestro país para actuar como solista invitada de la Orquesta Sinfónica del Congreso Nacional (OSIC) en la apertura de su Ciclo Oficial Internacional 2017. Con poco más de tres décadas de vida, la pianista cuenta ya con muchos años de formación y recorrido escénico, brindando además una visión muy peculiar acerca del mundo de la música, considerando que a pesar de su procedencia europea, cursó por propia elección la carrera de Música en una universidad chilena para luego trasladarse a Rusia en busca del post-grado. Actualmente reside en Berlín, en donde realiza talleres de arte para niños y jóvenes refugiados; además de proseguir sus estudios.  Quienes deseen verla en escena, podrán hacerlo este jueves 20 de abril, a las 20:30, en el Teatro Municipal “Ignacio A. Pane”, con acceso libre y gratuito. En la oportunidad, la OSIC, dirigida por el maestro Diego Sánchez Haase, dará inicio a su Ciclo Oficial Internacional 2017. En la oportunidad, se presentará nuevamente y a pedido del público el célebre cuento musical “Pedro y el lobo”, del compositor ruso Sergei Prokofiev, con la participación del actor compatriota Jesús Pérez.

 

 

Luisa Splett proviene de una familia de músicos asentada en Winterthur, Suiza. El piano siempre formó parte del hogar, es así que apenas logró alcanzar las teclas, Luisa lo adoptó en su vida. Con cinco años comenzó los estudios formales del instrumento, si bien ella afirma que jamás lo vio como una obligación. “Para mí las clases nunca fueron un deber. No debería ser una obligación si es algo que amas”, resalta.

“Toqué violín por un tiempo porque mi papa era violinista y quería intentar pero no me gusto tanto como el piano, lo encontraba mucho más difícil”, explica. Al culminar el colegio decidió estudiar música como carrera, a pesar de que también le interesaban otras cosas. Estudió algunos años en su país pero extrañaba a Chile, en donde había vivido un tiempo como alumna de intercambio. “Entonces fui a Chile a terminar mi carrera”, comenta. “De Chile me gustó su geografía y quería aprender español. Una vez allí ya no quería volver. Tengo una familia de intercambio y les digo mamá y papá hasta ahora”, cuenta. Una vez culminados sus estudios en Chile, Luisa se trasladó a Rusia para realizar un post-grado. “Rusia es muy fría y me costó más hacer amistades pero una vez aprendido el idioma y pudiendo comunicarme mejor comprendí que los rusos no son tan diferentes a los latinos solo un poco más reservados al principio y las amistades de allá son amistades de por vida”.

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Tras cinco años de exitoso estudio se trasladó a Berlín en 2012. Actualmente cursa un doctorado en Pedagogía en Música y una vez concluido desea postular como profesora de piano en las universidades. “De ahí a donde me lleve el trabajo”, acota.

Le preguntamos acerca del enfoque que se le da a la música en los diferentes lugares que tuvo la oportunidad de conocer. “La infraestructura tiene mucho que ver, cuando la música clásica es algo del día a día la gente toma con más naturalidad el dedicarse a eso. Si tenés un piano en la casa, o los papás te llevan a conciertos o al ballet, entonces encontrarse con la música va a ser más fácil”, explica.

“Eso no quiere decir que no encuentre talentosa a la gente que no tiene esas cosas. A veces pienso que los latinoamericanos tienen mil piedras en el camino. No es muy bien vista la profesión de músico pues todos dicen que te mueres de hambre y eso puede ser un conflicto en la misma familia. Entonces cuando lo logran tienen mucha pasión por su oficio y eso les falta a los otros”, resalta.

Además de sus estudios, Luisa trabaja en la Ópera Estatal de Berlín donde hace talleres para niños y adolescentes refugiados. “Todo lo que mezcla la música con pedagogía o proyectos sociales, como eso de integrar a la gente a través de la cultura, hace una gran diferencia. En una hora le podemos cambiar la vida a un chico”, enfatiza. Los talleres se imparten en grupos de entre 15 y 25 chicos que aprenden el idioma alemán con la música. “Al menos tendrán una idea de lo que es el arte luego tendrán algo más, al final ellos serán músicos o el futuro público”, destaca.

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“La OSIC es como un hogar muy querido”

Esta es la tercera vez que Luisa compartirá escenario con la Orquesta del Congreso de la Nación, por lo cual se encuentra enfrascada en los ensayos que se realizan en el Centro Cultural de la República El Cabildo. “Son amigos y nos comunicamos por el Faceebook. Es como volver a casa, regresar a un hogar muy querido”, señala. También destaca la relación profesional establecida con el maestro diego Sánchez Haase, director de la OSIC. “Él escribió una obra para mí y una amiga soprano. Actualmente Lourdes, su esposa, está diseñando un vestido para que lo use este jueves en el concierto. Le pedí que tuviera bordados de ñandutí”, comenta.

Luisa encuentra muy positivo que la OSIC esté compuesta por jóvenes músicos. “Los van formando y encuentro que la orquesta suena muy bien. Al final no importa si es joven o no. La orquesta más conocida en Latinoamérica es la Simón Bolívar de Venezuela. Está compuesta por jóvenes  y suena excelente”, explica. “La calidad tiene que ver con el nivel profesional y no con la edad. La pasión hace la diferencia”, puntualiza.

 

Sobre Luisa Splett

Luisa Sereina Splett nació en el año 1983 en Winterthur, Suiza. Comenzó a tocar piano a los cinco años, aprendiendo con los maestros Sylvia Näsbom-Thellung y Karl- Andreas Kolly. Continuó sus estudios del piano en Santiago de Chile con la profesora Yelena Scherbakova, donde en 2006 se graduó del Conservatorio de la Universidad Mayor con máximos honores. En 2007 se trasladó a San Petersburgo, Rusia, donde ingresó al prestigioso Conservatorio N. A. Rimsky-Korsakov con el profesor Oleg Malov. En 2009 culminó su postgrado con el examen de concertista, obteniendo la máxima nota en todas las materias. Regularmente asiste a clases magistrales impartidas por tan renombrados pianistas como Roberto Bravo, Musa Rubaskite, Arkadij Aronow, Jura Margulis, Paul Badura-Skoda, Vladislav Bronewetzkj y Pascal Devoyon. Su repertorio abarca toda la literatura clásica para piano, desde el barroco alemán e italiano y la música del período clásico, hasta las obras de compositores contemporáneos suizos y latinoamericanos. Tiene cuatro CDs grabados: “Inspiration Schweiz” (2010), “… et je me souviens” (2011), “Wie im Fluge” (“Como volando”, 2014) y un disco dedicado a la música de piano del compositor suizo Emil Frey (2016). En el escenario desde los siete años, Luisa inició su carrera profesional de concertista en 2009 con la participación en festivales internacionales en Bélgica, Brasil, Argentina, y Suiza, y la actuación como solista en nombrados auditorios y salas de concierto de Suiza, Chile, Rusia, Alemania, Bélgica, Inglaterra, España, Italia, Portugal, Hungría, Argentina, Brasil, Ecuador, México, y Estados Unidos donde en 2011 debutó en la Carnegie Hall de Nueva York con un recital ampliamente elogiado en la prensa local. En sus recientes giras por Estados Unidos (2012) y Sudamérica (2012, 2013, 2014, 2015) no solo actuó en recitales y conciertos con orquestas sinfónicas locales vivamente aclamados por el público y la prensa, sino que dio también clases magistrales y clínicas en universidades y escuelas de música, despertando en sus discípulos gran entusiasmo y el deseo de seguir perfeccionandosus técnicas pianística.

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EL PROGRAMA

El programa a ser presentado incluye las siguientes composiciones:

 

PRIMERA PARTE

Johannes Brahms (1833-1897): Obertura para un festival académico op.80

L. van Beethoven (1770-1827): Concierto para piano y orquesta n. 4, en sol mayor, Op. 58.

- Allegro moderato.

- Andante con moto.

- Rondó – Vivace

Solista: LUISA SPLETT, piano (Suiza).

SEGUNDA PARTE

Sergei Prokofiev (1891-1953): “Pedro y el lobo”, cuento musical Op. 67.

Narrador: JESÚS PÉREZ.

SERGEI PROKOFIEV:” Pedro y el lobo”, cuento musical Op. 67.

Debido al gran éxito del ciclo “Te cuento una música”, que la OSIC ha desarrollado durante el mes de marzo pasado especialmente dedicado a la platea infantil, y a pedido del público, se vuelve a presentar – para todo público – esta obra, que se constituye en el más célebre cuento musical de la historia de la música.

“Pedro y el Lobo” fue comisionada en el año de 1936 por Natalia Saz, una profesora de música rusa, amiga del compositor. Natalia dirigía un teatro para niños. La comisión puso a trabajar a Prokofiev de manera casi inmediata y éste concluyó la obra en solo 4 días. El estreno tuvo lugar el 2 mayo de aquel mismo año.
Pedro y el Lobo es una obra de tipo narrativo y la relación viene dada por la tabla siguiente:
Flauta. El Pajarito.

Oboe. El pato.
Clarinete. El gato.

Fagot. El Abuelo.

Tres cornos – El Lobo.
Cuarteto de cuerdas – Pedro.
Percusión, Timbales, bombos y platillos. Los cazadores.

El timbre nasal, gangoso y agudo del oboe resulta idóneo para evocar la sonoridad propia del graznido de un pato. El color terso, cálido y resbaladizo del clarinete define perfectamente la suavidad de los movimientos del gato. El sonido ligero, fresco y airoso de la flauta representa fielmente el canto de un pájaro. Los juegos contrapuntísticos a que da pie la combinación de violines, violas, violonchelos y contrabajos permiten pintar el temperamento alegre, juguetón y desenfadado de un niño. El aire grave, pesado y ronco del fagot se presta para describir el andar lento y la sabiduría antigua de un abuelo. La potencia del golpe de la baqueta sobre el parche del timbal imita claramente el efecto que produce en nuestros oídos el estallido del disparo de un rifle. Y, por supuesto, la profundidad, amplitud y espesura del sonido de los cornos retrata de manera insuperable la astucia, suspicacia y cautela del comportamiento de un lobo cuando acecha a su presa.

L. van Beethoven (1770-1827): Concierto para piano y orquesta n. 4, en sol mayor, Op. 58.

Es muy posible que nunca se vuelva a dar un concierto como el que tuvo lugar en el Theater an der Wien de la ciudad de Viena, el 22 de diciembre de 1808. El atractivo principal del concierto consistió en que se dedicó toda la velada musical a las obras de un compositor de gran fama y reputación: Ludwig van Beethoven. Sin embargo, lo especial del concierto no terminó ahí; esa noche, el público de Viena fue obsequiado con un maratón musical único en la historia. Según nos dicen las fuentes documentales de la época, este programa Beethoven estuvo integrado de la siguiente manera: La Fantasía coral para piano, coro y orquesta, el aria de concierto “Ah, pérfido”, fragmentos de la Misa en do mayor, el estreno mundial de la Quinta sinfonía, el estreno mundial de la Sexta sinfonía y el estreno  del Cuarto concierto para piano y orquesta.  Esta fue la última aparición del compositor como pianista virtuoso. A causa de la sordera que iba creciendo, Beethoven ya sólo tocó en algunos recitales de música de cámara, y finalmente tuvo que abandonar el piano por completo.

Algunos musicólogos han hecho notar que el suave y delicado inicio del Concierto n. 4 para piano y orquesta, cuatro notas repetidas en varias ocasiones por el piano solista, es como un espejo del poderoso tema de cuatro notas con el que Beethoven inicia su Quinta sinfonía. Sin embargo, lo que en la sinfonía es energía desbordada, en el concierto es pasión contenida. Al final del primer movimiento, ese mismo tema vuelve, en una conclusión brillante y categórica. Después de un breve y contemplativo Andante, Beethoven cierra este concierto con un rondó que parece ser una herencia directa de los movimientos finales de los conciertos de Wolfgang Amadeus Mozart, lleno de chispa y de nerviosa energía.