La OSIC celebra a Mozart y Schumann con obras maestras inspiradas en el Danubio y el Rin
“Entre el Danubio y el Rin. Un viaje sinfónico a través de Mozart y Schumann”, propone la Orquesta Sinfónica del Congreso Nacional (OSIC) en su Segundo Concierto del Ciclo Oficial Internacional 2026, que se llevará a cabo el próximo jueves 23 de abril, a las 20:00, en el Teatro Municipal Ignacio A. Pane. La entrada es libre y gratuita hasta completar aforo.
La dirección estará a cargo del maestro Diego Sánchez Haase, y el repertorio a ser presentado incluye dos grandiosas sinfonías: la célebre Sinfonía n. 40, en sol menor, KV 550, del genio de Wolfgang Amadeus Mozart, y la monumental Sinfonía n. 3, en mi bemol mayor, Op. 97 “Renana”, de Robert Schumann, uno de los mayores exponentes del sinfonismo romántico alemán.
Fiel a su estilo, y previo a la interpretación de cada obra, el maestro Sánchez Haase introducirá brevemente y de manera amena a la audiencia sobre las obras a ser interpretadas, de manera a predisponer al público a un mayor disfrute y valoración de las mismas.
DOS MONUMENTOS SINFÓNICOS EN UN VIAJE A TRAVÉS DEL RÍO
“La Sinfonía n.º 40 de Mozart, la penúltima que escribió el genio de Salzburgo, es una de las obras maestras del género sinfónico en el período clásico”, afirma el maestro Sánchez Haase.
Mozart la compuso en 1788, en un arrebato de inspiración febril, tres años antes de su muerte. En solo tres meses, creó sus tres últimas sinfonías. Por entonces, vivía en Viena, la ciudad que atraviesa el mítico río Danubio. La obra combina, con maestría incomparable, la vena melódica tan característica de Mozart con un virtuosismo contrapuntístico y un fuerte cromatismo que recorre sus cuatro movimientos, explica.
El magnífico primer movimiento tiene como base una célebre melodía. El movimiento lento es una joya de orquestación. En el tercero, el Menuetto, Mozart despliega su genialidad rítmica al crear desplazamientos de acentos que generan un aparente caos, pero un caos absolutamente maravilloso. Y el cuarto movimiento constituye una apoteosis del contrapunto. “Al inicio del desarrollo de este movimiento están presentes los doce sonidos de la escala cromática, ¡excepto la tónica! Es un pasaje completamente atonal, que parece música del siglo XX”, comenta asombrado el maestro Sánchez Haase.
Por su parte, la genialidad de Robert Schumann tampoco se queda atrás. En septiembre de 1850, el compositor y su familia se instalaron en Düsseldorf, donde fueron recibidos con gran calidez por los habitantes de la capital de Renania del Norte. “La sinfonía recoge los estados de ánimo del compositor ante las impresiones que le causó la región de Renania, que se extiende a ambas orillas del río Rin”, refiere Sánchez Haase.
Al igual que Mozart, Schumann escribió esta obra en un impulso de inspiración fulminante: la compuso en solo cinco semanas, entre noviembre y diciembre de 1850. La sinfonía se inicia con un movimiento de gran riqueza rítmica y un tema principal arrollador. El segundo tiene un carácter más rústico, con una melodía de acento folclórico que en ocasiones parece evocar el oleaje del Rin. El tercero es lírico y de textura más camerística, mientras que el cuarto, un coral, sugiere una ceremonia solemne. Al parecer, fue inspirado por la ascensión del cardenal de Colonia en la célebre catedral de la ciudad, en noviembre de ese año. El quinto movimiento regresa al carácter vivo, subraya la alegría y cierra la obra de forma vibrante.
“Esta gran sinfonía es un desafío para cualquier orquesta del mundo, y estamos felices de interpretarla con la magnífica OSIC”, concluye el maestro Sánchez Haase.